12 oct. 2008

Poema a André Breton


Es una necesidad que prima sobre toda otra experiencia
Volcar la suerte hasta que se desprenda de ella su última partícula grisácea
Sacudir el equilibrio hasta que el polvo cósmico dibuje
Líneas caóticas en el espacio, cual señales cosmológicas
Derrocar la felicidad, con una búsqueda vertiginosa
Del interés a la indiferencia se ha de cruzar a mucha altura
Para correr el riesgo de caer de espaldas
Y comenzar el efecto domino, antídoto de figuras y signos cerrados
La furia de movimiento contra el abandono de esos seres duplicados que
Provocan el bostezo en las circunstancias más extremas
Sus esquizofrénicas tesis para pensar en el porvenir
Y el diminuto espacio que procuran a la imaginación
Me agotan
Y vuelven a resbalar sobre esa desdibujada vocación
Herramienta tan pasada de moda
Y yo no creo en las modas, pero me divierte presenciar
El gran abandono de algunos a ciertas recetas somníferas
El violento desenfado que provoca en ellos la imitación
Sentencia definitiva que muestra la irreconciliable separación entre el origen y el fin
El paso de la duda a la negación y la hipérbole como sustrato de erudición y cultura
Porque nuestro comienzo natural es el desconocimiento y la locura
Y la duda su motriz
¿A que jugamos?
Si solo soy capaz de ver un mosaico de cristales rotos y colores estridentes
Pisoteados por el crepúsculo alargado del ser
El recuerdo fugaz y sangriento, de una intención etérea inaprensible
Espejismo de un figurante absorbiendo el suicidio cada mañana
Hay motivos para la exaltación y el abandono del ser inflexible consigo mismo
Soñé un baile de sombras en el hilo mas fino
La dignidad del ensueño por batalla contra la idiotez del ideólogo y su destino
Flores son víveres de colores y el cometa un instrumento de viento
Escapando al chismorreo del hombre pragmático
Sólo nos queda caminar cojeando en la hecatombe del suspiro
El cambalache del hombre fantaseando sobre la materia de estar vivo
Y no hago más que ver como se deterioran mis células
Y golpeo a la vida con una carcajada sonora
Y del eco, surge el sentido en forma de guiño
Son tus ojos y su alcance,
Embriagando la sequía proyectada,
De aquel al que le faltan ríos subterráneos
Por donde infiltrar el deseo en cada encuentro
De donde obtener, objetos, lunas llenas y bocetos
De una obra por exhibir
Aprendí por el camino a no preguntar
A no aprovechar las lecciones de la época
En tiempos de paz, el lema es la guerra,
Decían los dadaístas
¡Hagamos la guerra!
Palpar a ciegas lo espontáneo
Bocanada de aire de lo eventual
Dijo Breton,
“He jurado no dejar que nada se amortigüe en mí,
Siempre y cuando, lo pueda conseguir”
Caer al vacío, por las grietas del olvido
Arruinar al conformista y su esfera definida
Porque así no hay Dios que escarbe
Y yo quiero desangrarme en el momento
Caer por un precipicio insospechado
Dejar brotar todo aquello que desconozco
Poso de incoherencia, pozo de ingenuidad
Ser escogido en el desconcierto
Pero siempre abriendo los ojos, amuleto de vida
Talismán con arrojo
Gusto por el trastorno del indomable abrazo
El incorregible desorden que me cautiva
Subirme a la silla y exclamar
Dejarme morir en libertad cada ida, al pasar
Y regresar fuera de formalismos y actitudes macabras
Que devoran el espíritu apaciguándolo, calmándolo
¿Acaso alguien pidió permiso para entrar?
No me quiero serenar,
Sólo estar, sin darle importancia a las cosas
Aceptar las decepciones,
Porque ningún fin merece un esfuerzo
Ningún fin sobrevive al comienzo

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