8 nov. 2008

Allí DADÁ! Lo innombrable nunca aquí


Allí DADÁ! Lo innombrable nunca aquí
A mí ya no me parece nada raro, el raro soy yo, dijo el camarero de estilo Berlinés, acariciando su pendiente izquierdo. Mientras yo buscaba tiburones hambrientos, en los bares de las escaleras laterales que descienden al fuego eterno. Pero sólo encontré niñas MONAS y GORILAS, haciendo patinaje sobre el hielo de la plaza Rockefeller $$ = Títeres de la vanidad. La autenticidad está reservada al dependiente de una gasolinera polvorienta, carretera de Iowa. Nunca piensan en sí mismos. Allí el mundo fuera. Incomprensible. Las barracas de neón hechas con los ligamentos triturados en la última carnicería del pueblo. La apocalíptica estrofa de un verano californiano haciendo autostop, en la costa oeste psicodélica de la vanguardia más retro. Sólo se puede amar dos o tres veces en la vida, hasta quedarse exhausto dijo el nómada al mendigo. Luego quedan los labios del mar para bañarse en la eternidad. El punto inmóvil. Y le sucede la falta de entendimiento, para ahogar el corazón en dipsomanías demasiado nostálgicas. Pero no podemos dejar de dar y hacer lo único que sabemos. La voluntad es tan ciega e indefensa, tan inocente, que aspira a superar la distancia de los sueños. A ella debemos todo lo que somos. Las tropas son conceptos. ¿Hay juego? O las replegamos hacia la indiferencia DADÁ. ¿Acaso puede haber jugador? El cementerio está lleno de almas subjetivas que nos impiden pensar en la estrategia. El monstruo marino, que ya conoces, se ha quedado a ciegas en la luz que proclama el Mesías. ¿Será él su propia sombra? Ya no quedan objetos en los que reflejarse. Ni contenido ni forma se observan en la bola de cristal (Sólido cuyos átomos y moléculas están regular y repetidamente distribuidos en el espacio). Tan sólo un abordaje de letras en un océano vodka-armado. Salid de las cloacas grumetes indecisos. En el nihilismo, la indiferencia es un grado (bajo cero), para seguir sumando en negativos. No seáis principiantes, porque nunca antes hubo avance. Seguimos inmóviles en la roca DADÁ, balbuceo en el desorden. Hablamos de la apoteosis de lo fragmentario, del caos óptico, y su ¿emulsión? Hacia la unicidad. Jugos gástricos corroyendo el caviar, ROJO Y NEGRO, [ruleta-backgammon-Stendhal-Milán-Anarquismo/Movimiento obrero-Rothko…], → que antaño declaraban excepcional. Lo singular en sí mismo resbala en la vulgaridad, por el hecho de ser primerizo. Es decir, pasado, una vez expuesto. Sólo puede existir futuro en lo que aún está por nacer. La magia reta a lo exclusivo e invierte el orden, lo destruye. Tú, no estás ahí. No hubo ni comienzo ni final. Por eso el anti-arte reina en la ante-sala/ANCLA de la modernidad. Aniquilemos la diferencia entre materia y hombre. Máquina de hipódromo que me escucha, hace falta sobreponerse al óvalo que recorres, es necesario superponerse a la “polaridad lineal de las cosas”. La ironía es el suicidio de la inteligencia. Pero sólo sobre un campo calcinado puede dejar de nacer el falso impulso vital. Concordia del hombre y el mundo [conocido] Este ya no nos interesa. La re-(la/al)-tividad es un experimento que desemboca en el más allá. Allá el verdadero espectáculo, y un teorema. Señores, ustedes no son los actores. El espectador es la incógnita sin resolver. Allí nadie puede entrar, ni entrará sin destruir el experimento. Una imagen: 2000 personas analizan la obra. Las 2000 obras impropias del autor inexistente. Allí la guerra. La incomunicación. Allí no existen los hombres, ni se les parecen. Tan solo vías de ferrocarril bordeando la conciencia. Trenes fantasmas. Origen y final de un túnel que el hombre no ha construido. Allí DADÁ!

2 comentarios:

silvi orión dijo...

yo también creo que es la foto de mi vida
estoy tan segura de todo...

Charlie dijo...

"La ironía es el suicidio de la inteligencia" Yo diría tambien de la falta de vitalidad. Un comentario irónico puede ser muy inteligente (por su complejidad), pero siempre refleja el asco del irónico a lo ironizado. La incapacidad de reflexionar más profundo para entender el mundo y sacar algo positivo o quizás, al menos, una crítica constructiva. ¡Abajo la ironía! ¡Arriba el realismo-positivista!