8 jul. 2009

VONDELPARK AMSTERDAM




Michael Jackson "man in the mirror"


“Salgo al parque, me tiro al mar” Andrei Voznesensky

¿Por qué me siento un extraño, ahí, en el parque de la alegría?

¿Por qué no creo que estas personas vivan de este modo, en un canto florido y risueño a la vida?

¿Por qué aquí, donde todo es piel, alcohol, sexo, cuerpos insinuando algo oculto, carcajadas lisonjeras, miradas teñidas de deseo y vino tinto, comida abundante, bebida y hierba, tantos idiomas para decir apenas nada, tanta insignificancia en el paraíso de las inspecciones tatuadas, de las medidas de antemano, de los ropajes hippies del impostor, de las guitarras del tedio, para llegar a dónde?

Donde yo me siento un extraño. Donde fallecen las tardes en las catacumbas de la sospecha, en el flagrante ritual de lo superficial. Donde volverán los días primerizos y finales del traje y la corbata. Del sueldo exprimido en las cargas y descargas de baúles vacíos. De las mudanzas del cuerpo en los espacios vencidos. Del catalejo empañado.

Y el mundo vuelve a girar en la misma dirección. El vértigo reanuda la longeva y cíclica carrera de rellenar los bolsillos del secarral de la conciencia no gobernada.
Tan sólo tres jóvenes féminas y sus violines interpretando su conjunto amateur, conmueven a los pájaros. No pertenezco a esta fiesta, me siento un extraño. Yo sólo puedo meditar y entregarme al silencio, al otro lado del puente. Lejos del champán y los brindis al sol.

Poco queda por decir.

Si pasear el parque no es saltar al mar. Ni contemplar las olas. Ni dibujar las fragancias del verano. Ni soñar las nubes y seguirlas con el alma.

No se puede fingir el viaje…sólo el amor remedia una vida

Quizás ya sea demasiado mayor para seguir jugando a que nada de esto está sucediendo…
Salgo al parque y me tiro al mar… para no regresar

Para reconocer al autentico viajero, me basta una mirada…

-------------------------------------------------------------------------------------------
Sex and the city


Somos el hazme reír del dólar. El patio de atracciones de las multinacionales. El zoo del mercado financiero. El globo de helio de una agencia de publicidad. El ministerio de educación es un invento francés de hace varios siglos. Y ahí estamos, en caída libre y de risas. En la playa, con cremas de protección solar y un mes al año de vacaciones. Ajenos al conocimiento, en el hablar por hablar, en el agotador discurso del capitalismo. No como ideología, sino como transacción universal entre elementos que no existen. Hijos del deseo y el apego. Así nos educaron, para tener más, y coleccionar pases de modelo, combates pugilísticos en las aceras. Conversaciones que dañan la palabra y la desgastan, hasta que ya casi nada es expresable. La era en la que se quebró la transmisión. La era en que practicamos el apostolado de noticias y deberes que nadie entiende. Votamos, compramos, nos emborrachamos, nos drogamos, follamos, viajamos, engañamos, mentimos, nos casamos y nos divorciamos, pensamos que somos cultura, pero no pensamos ni sentimos nada verdadero. Todo una huida descarada. Un vacío inmenso donde nos dedicamos a rellenar horas muertas con videojuegos, citas por internet, sobrealimentación, excesos no experimentales. Así avanza el hombre moderno. Un hombre débil, engreído, violento. Poco honesto y muy cobarde. Pero el hombre y la mujer se entretienen con otras cosas. Películas pornográficas, pollas de 20 cm, tetas de silicona, juguetes eróticos, turismo sexual, peluquerías y centros de estética, yoga para cuarentonas divorciadas, fármacos, pilates, compras exageradas, cenas y comidas entre amigos para fanfarronear, divorcios y bodas como rosquillas, envidias, infidelidades, traiciones a los amigos, explotación en el trabajo, búsqueda de la fama televisiva, arte como entretenimiento, nados en la abundancia y alguna que otra lágrima por esos pueblos oprimidos. ¿Del amor? Mejor ni hablamos. Hablemos de carteras llenas, de trepas en el trabajo, de comisiones, de la maldita crisis, del tiempo, del último BMW, del culo de maría, del paquete de Luis, de telefonía móvil, de discotecas con mucho volumen, de 500 exposiciones, de una sobredosis de películas infumables. ¿De la muerte? Mejor ni hablamos. ¿Y del ser humano? Ni de coña. ¿De Dios? Está pasado de moda. Y así pasan los días resumidamente, y ni el concepto de samsara es suficiente para hablar de esta realidad. Estamos viviendo la mayor decadencia en la historia del hombre, la profanación definitiva de todo aquello que era sagrado. Pero que cojones, pidamos otra caña y asistamos el Big Bang definitivo. Vamos sacando entradas para la primera fila. Esto por lo menos merece una carcajada sonora.

Pd: Por otro lado, debo decir, que no me inquieta lo más mínimo. A los que vivimos desde y a través del espíritu, nos parece todo una ilusión. Nadie nos pidió salvar el mundo.


!Look at yourself and make that change!

No hay comentarios: