5 ago. 2009

LOS ADENTROS



Entrar dentro de ti, y desaparecer en las aguas
Levantar una fuente de soles
Perder mi identidad, en el ocaso de los gritos del naufrago
Asirme a tus caderas, en la armonía de colores de un violín,
Perdido mar adentro
Tras tus ojos cerrados, respira el océano
En mi vuelo de palmípedo, de plumaje tupido y pico anaranjado,
Surco ríos de alegría
No me toques, quizás hayamos muerto en tu volcán, color aceitunado, pardo rojo…
Bajo el fuego de tu carne, las estrellas pestañean
Los astros dormidos esperan mi ausencia,
Para descolgarse por los cielos libertad de tu paisaje
Horizonte, en el que quizás no recuerdes mi nombre
Y entonces, comiences a pensar en mí
Como ríe el loco ante una secuencia de sueños fugaces
Como expulsa el aire, el santo que lustra misericordia
El más puro de los mástiles encallados en tu roca
El viejo faro que guiaba tu embarcación de cristal y cielo
El velero de musgo, que vencido en tus adentros,
Derramó semillas de oro y fuego
Donde lucía la esperanza…
Arríe nuestro amor en la cólera de los vientos,
Donde cabalgan tus caballos desbocados
¡Qué salvaje el duelo con la muerte!
De mi amor en piedra y escultura,
Adornando tus jardines del nirvana
Me marcho con las olas al ritmo del solsticio del invierno
Ya no sé si volveré
En ti, permanece un beso silencioso,
Que despierta en un instante,
La florida eternidad dilatada por los siglos
El surco en la memoria del recuerdo innombrable
Mi camino en tu camino, mi rompiente y tu montaña
Donde sólo viento, sueño y agua, pueden estallar
La distancia nos vuelve a separar
Pero mi alma te recuerda,
Que nadie exploro
La frondosidad de tu jungla esmeralda,
Del latido entre tus piernas,
Como este pobre y virgen corazón
Haciendo de la bruma de los puertos extraviados el eco de la paz
Un cántico olímpico al galope, devorando la noche
Entre medusas acampanadas y corales
En el tinte rojo de tus ojos incinerados
Derrumbando la velocidad y la pausa
Dos cuerpos tras la guerra, caídos del décimo piso en el cansancio
Brillando más allá de árbol de Marte
Entre los alquimistas y los químicos antiguos
Como astros designados por las cartas,
En el cruce de un abismo
La existencia encontró el sentido, al estar dentro de ti
Y desparecer en las aguas termales de tu alma
Manantial donde se levanta una fuente de soles, en la calma
Y contemplar la sacudida de tus vientos
No te pueden separar e aquello sagrado,
Que el hombre pidió a los dioses
Vaso comunicante,
Único momento de verdad…
En tus adentros, se encuentra, la divinidad










2 comentarios:

Dani dijo...

Ay, pequeño filósofo, ¿cuánto crees que nos queda para poder dibujar el garabato del zombie social en el palacio del Emperador, (o en el FNAC)? jajajaja

Miguel dijo...

ei, arthur...hacia tiempo ke no pasaba por aki. Solo decirte que a ver si tienes hueco algun finde de estos para kedar, con la silvi tambien, un domingo por ejemplo, hablar y hablar. Tengo ultimamente muchas cosas en la cabeza desde ke volvi de ulverston.

Pues nada "tron", un abrazo.