19 oct. 2009

Aquel que amó, tendrá que traicionarte


Todo es de una seriedad extrema
No encuentro la gracia a lo tremendo de estar vivo, ahí la redención protestante
Cada vez que muere una ilusión, muere una persona
Aquel que nunca creyó, puede tolerar ese dolor
El cobarde que nunca se expuso a la perdida, nada tiene que perder
Pero esa misma, es la prueba de fe, de ahí su lejanía
¿Cuántos infiernos debe padecer el alma para naufragar en el silencio?
¿Qué queda de aquel que conoce lo efímero y su corazón se desborda, inconsciente, en ilusiones inaccesibles de otros mundos?
Desde la intencionalidad, en el fenómeno inaprensible
El misterio divino está reservado para aquel que sabe hacer uso del mismo
Para aquel que sabe protegerlo y cuidarlo
Recuerda que aquel que una vez te amo, tendrá que traicionarte
Traicionarse y faltar a su verdad
La misma que tantas veces infundió alegremente
Nadie prometió que esto fuera a ser fácil
Recuerda, habitamos entre hombres y mujeres
Si así se les puede llamar, obsesionados/as consigo mismo
A mi nada me pertenece, ni puedo reclamar lo que no es mío
El misterio tremendo, lo fascinante, no eras tú
Somos el fantasma de la duda y la fragilidad
El eco de la montaña herida en su orgullo
Insignificantes y aún así poderosos,
Por lo menos, para hacernos daño y perder la dignidad
¡Qué pobre el corazón enfermo!
¡Qué lástima!
Mi tristeza no es la perdida
Es tu paisaje de nubes y egos apropiándose de una libertad que no le pertenece
El amor era otra cosa
Caminante,
Ten la decencia, por lo menos, de no menospreciar esa palabra
Porque ahí y sólo ahí, está tu cura
La eterna promesa de realidad

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