23 oct. 2009

UN SUEÑO REAL (A mi madre y a Charlie)


ESPAÑA EN EL CORAZÓN DEL OCÉANO

“Hacía tiempo que no sentía fuego en los dedos”

Recorría en bicicleta un paisaje melancólico, pero de fundamentos hieráticos. Allí no quedaba nadie. A veces oí voces de trinchera en lejanos lugares. Sentí aviones sobrevolando el horizonte, y yo me preguntaba… ¿Qué está sucediendo?
Recorrí distancia con la mayor cadencia de pedaleo imaginable, entre colinas raspadas por el viento y árboles desnudos. Entre llanuras descosidas y montañas escarpadas. Pasaba cerca de desfiladeros insondables. Creo que me encontraba próximo a los Alpes franceses. No sé bien porque buscaba a mi amigo Charlie. La verdad es que dos días antes, decidí partir en su búsqueda. Algo parecido a una revelación se aposentó en mí. Aceleraba el ritmo y mi fortaleza no conocía fisuras. Agua y nieve permanecían atónitas ante mi escalada furiosa, sin precedentes, de una energía poderosa. Casi me sentía poseído por fuerzas mayores, y de que otra manera puede ser sino…cuando un hombre reta a la naturaleza y sus infinitos accidentes físicos… Cuando un hombre se abisma y supera espacios inquebrantables, con el tesón de un caballo desbocado, salvaje. No dormí durante días, reposaba despierto en las crestas con un firme impulso trascendente, iluminado bajo la luna…soledad en rebeldía… ¡Oh! Cuántas horas derretidas, exiliadas, bajo el fulgor de mi búsqueda… A mi paso por una aldea remota alguien me dio la orden de parar…un hombre de mediana estatura y con una barba incipiente, me dijo: ¿Qué buscas por aquí? ¿No conoces las noticias?
No señor, contesté.
Identifícate. Arturo Martínez, señor.
Reconozco tu nombre, joven temerario
Ha llegado un telegrama de tu madre exigiendo tu regreso. Las cosas no están nada fáciles. Ha llegado la guerra de los mundos. Regresa a Madrid a la mayor celeridad o será demasiado tarde. La ciudad está casi devastada. No hay tiempo que perder, joven.
Pero estoy buscando a un amigo de la infancia que necesita auxilio…lo percibí en las ondas del viento. Se llama Charlie, es montañista.
¡Ah!, Sí. Ese joven de nacionalidad española, partió en el último carguero. Allí viajaron los últimos ciudadanos europeos que quedan por esta zona. Es peligroso permanecer aquí y tu madre está preocupada, acelera…vuela como un pájaro…
¿Qué está pasando? me preguntaba
Guerra…dije para mis adentros, ¿Quién está en guerra?
Regresé por un camino alternativo, recorrí lagos y ciénagas en la más absoluta oscuridad. Podía sentir como los animales aullaban el final de sus vidas o de algo mayor.
La marcha se prolongó durante días, hasta conseguir llegar a un granero cercano a mi casa, donde mi madre con las lágrimas en los ojos corrió hacia mí gritando mi nombre. Aún recuerdo el desgarro de su voz…el eco del llanto de una madre absolutamente temblorosa.
Hijo mío, ¿Dónde estabas? Te quiero, te quiero tanto… ¡Ven a mis brazos!
Madre, ¿Qué está sucediendo?
Es la batalla final del reino de los tiempos, debes escoger entre luchar en Corea o unirte al frente de Sicilia…Ahí se decide nuestro destino.
España se ha alineado en la vertiente atlántica y tan sólo EEUU, parte de Europa y Australia, luchan por nosotros. El resto de naciones nos ha declarado la guerra de los mundos. Todos luchan con inquina contra nosotros. Nos están despedazando. ¡Nada queda del norte de España! Lo sé madre, he avanzado entre grietas y cadáveres como un relámpago para volver a mirarte a los ojos… ¡Oh, madre! Dulce madre, nada en la vida es más poderoso que tu amor…debes saber… ¡mírame a los ojos!, que eres lo mejor que conocí jamás. Tú, pura y santa madre.
Hijo mío debes partir…España ya no existe como tal…nos van a desplazar al norte de Australia… allí comenzaremos de cero…no hay espacio en estas latitudes para nuestra familia ni nuestro pueblo…mi corazón no tiene fuerzas, pero tú debes partir y luchar junto a los nuestros..
Pero madre, yo no creo en infligir el dolor. Tan sólo en la enfermedad que me aflige al perderte… No puedo abandonarte.
Hijo mío recuerda las palabras del Bagavad Gita, tuviste tiempo, tuvimos tiempo para hacer del mundo algo mejor, pero si no lo hicimos, por falta de fe o de fuerzas, el Dharma te exige pelear por aquellos que te representan… son tu familia, no lo olvides. Nada importa la vida en estos casos, tan solo el deber, un deber superior que te asemeja a los dioses y a los héroes…
¡Oh madre!…dije llorando con amargura
Hijo, escúchame por última vez…un hombre que no sigue su Dharma está condenado…olvida la moral y la ética creada por los hombres como tú. Sois y somos minúsculas porciones de un universo mayor. No, no te está dado el tomar ese tipo de decisiones. Es una ofensa a los dioses. La ira ya está aquí y debe reinar el acto de fe, el deber, la transparencia necesaria para que de las cenizas, si acaso, brote un nuevo mundo mejor…Esta es la llamada del tiempo, de la eternidad. Debes asistir a tu cita…todo está perdido, y todo está ganado, si sigues tu camino…hijo mío…
Es el momento definitivo de la historia, ahora lo santo se hace visible, se manifiesta…está aquí…siente la energía que mece el viento, observa el resplandor… el guerrero debe por una y última vez luchar para expiar el mal. El mal que está dentro de nosotros mismos... Es la última oportunidad. Mi deber concluye aquí…mi deber era cuidarte lo mejor que supe, y decirte todo esto. Hijo, debo marchar. Debo varar por el camino hasta que la redención caiga sobre mí como un trueno inmaculado…
Marché hacia Corea al día siguiente, y poco importa lo que sucedió en el campo de batalla. No éramos hombres matándonos unos a otros, éramos esclavos liberándonos de las cadenas de tantos siglos… en búsqueda del sueño eterno de libertad…ni razón, ni pasión…una fuerza divina aniquilaba, esquivaba cada golpe, un soplo estelar en cada paso…de una belleza jamás vista antes…Por una vez, el hombre no asesinaba, el hombre libertaba seres y esencias, entre el barro y la lluvia, bajo un manto celestial.
El final era el comienzo de los tiempos…y la guerra de los mundos dio paso a una era de luz, de numinosidad infinita. El mundo se partió por la mitad y los hombre que sobrevivieron, ya no eran hombres, eran seres divinos..Australia se hundió bajo el mar. Allí yace nuestra historia, nuestra tierra prometida…
España en el corazón del océano.

1 comentario:

Miguel dijo...

guau!!

Que sueño tan visionario.

UN dia antes de dormirme(como suelo hacer alguna que otra noche) suplique al cielo. Y suplique algo al aire, algo similar ah... "espero que se cumpla lo que yo deseo". Esa misma noche en un sueño hablaba con alguien parecido a un iluminado que me contestaba:"lo que quieras lo tendras".

Arturo, lo que quieras ser lo seras.