3 nov. 2009

EL PULIDOR DE LENTES PARA INSTRUMENTOS ÓPTICOS




A Spinoza,
Quién más temor produce en mí, no es el loco, o el enfermo, sino aquél que pudiendo SER, no ES. ¿Y cómo entonces? Si ni siquiera se puede preocupar de lo único que tiene… ¿Cómo voy yo a depositar mi confianza en él? Lo que más me gusta, es mirar a los ojos de alguien inocente. Escuchar como habla desde el brillo perpetuo de la ilusión. Del lugar más sencillo y más complejo de mantener. Casi siempre encontramos a este tipo de personas en otros lugares…porque, para que quiero yo oro, si lo que brilla es él y no yo.

Bajo este cielo de antenas y cables, reconozco el movimiento eterno.

Paco Sevilla dijo, con toda la verdad a la que acostumbra: “Hermano, hemos regalado nuestro corazón en una bandeja de plata, y lo han vendido en el mercado de segunda mano” Así son las cosas, así uno aprende la lección menos amable, pero más necesaria.

Humildad

Pensar que tú tienes tiempo por delante y yo no, es faltar a la verdad. La ilusión no hace distinciones de edad. El engaño, tampoco.

Cuando soy consciente de algo, ahí es cuando me libero de eso mismo. De ése conocer.

Mi padre dice, “la vida es muy corta, porque la muerte tiene buena memoria”. Desde luego que cada acto cuenta. Todo regresa.

Proverbio árabe: “La primera vez que me engañes, será culpa tuya. La segunda vez, la culpa será mía”.

Atentos

Para Spinoza, el placer es la conservación y el perfeccionamiento del propio SER. No el placer sensible. Y el amor es el placer acompañado por la idea de una causa externa. El problema es que llamamos a una cosa “buena”, porque la deseamos y no al revés.


La fortaleza se compone de valor, hacia uno mismo, y nobleza, hacia los demás.

Las ideas confusas e inadecuadas provocan una sensación de fortaleza irreal, donde el deseo de lograr un ideal, es más débil que el deseo de una cosa que causa “placer”.

La esencia o naturaleza de algo determina su actividad. Luego basta con observar a que nos dedicamos y como actuamos, para reconocer si somos coherentes con nuestros orígenes, en que estadio de evolución y de fidelidad nos encontramos.

El apetito consciente es deseo.
El reflejo en la conciencia de una transición a un estado mayor de perfección es llamado placer (conservación y el perfeccionamiento del propio SER). Si es a un estado menor, tristeza.
La comprensión es la senda que lleva a liberarse de las pasiones. Porque un hombre no puede comprender nada más grande que el infinito.


Cuando conocemos la causa del dolor, este deja de ser una pasión.

La vida no es un currículum vitae. Todas aquellas personas que dejamos escapar o desaparecen no conforman nuestra historia personal. Porque pasado un tiempo son observados como lugares sagrados, momentos absolutos de la memoria, donde no se puede regresar. Allí el hombre se enfrenta al vacío en una contemplación lenta y prolongada. Una muerte dulce. Ahí el hombre verifica su desintegración en imágenes y asume la pérdida de algo que ya no viaja con él.


Presumir de un presente, como una colección de momentos pasados no nos hace mejores ni más sabios. Tan sólo nos recuerda que cuando aún estábamos a tiempo de luchar, no lo hicimos, porque nos falto santidad. El presente sólo es presente, y uno puede echar la vista atrás y sentir nostalgia o alegría, pero allí no queda nadie. Ama a quien tienes a tu lado, porque sólo eso existe. Imposible demostrarse, que todo eso existió una vez, ya superado el presente.
Porque la pérdida es el final y el comienzo de algo nuevo. Nada regresa en el tiempo.
Sentirte orgulloso de todo lo que viviste, de lo sucedido, no te sirve para deshacer las grandes preguntas. Es más, a la larga, será un hierro ardiente, doloroso. Porque la respuesta siempre se encuentra delante, ahora, más allá de su tiempo. No soy tu pasado, ni tú el mío. Allí no queda realidad.
Ir creando una vida a imagen y semejanza de nuestra voluntad condicionada o deseo, como apetito no consciente, no nos exime de enfrentarnos al presente. Más bien lo refuerza. Todo lo que yo hice, soñé, escogí y compartí con vosotros, en nada me representa, ni me define, pues yo no soy eso.
La vacuidad y su abismo permanecen intactos.

Yo no soy las personas que amé, ni las que me amaron. Configuración errónea del devenir. Soy todo lo otro. Lo virgen, lo desconocido, lo fuera de mí, la otredad.

Mi soledad sigue firme y desconsolada, esperando atravesar la noche oscura.
Allí no hay espacio para la memoria ni la identidad mundana.
Estar orgulloso de los espejismos del pasado, en forma de logros, dificulta más aún si cabe, el desprenderse del no SER.

No hay tiempo para el consuelo. Si no pudimos pasar toda nuestra vida juntos no fue por falta de amor, sino por egoísmo. Y ahora o mañana, el haber desechado algo tan sagrado, nos depara una tristeza insondable. Veo dolor, gravedad y gracia. La fuerza es un elemento que no se puede infravalorar. Fuimos poderosos juntos y nos hemos enterrado. Dios nos dio el amor, y lo hemos destruido por asuntos tan banales… Mal augurio, para ambos.

Mientras no seamos nosotros el rito, la ceremonia, la danza sagrada, el canto, la oración o el sacrificio, no seremos la vivencia, ni el misterio.

Toda experiencia, donde la intencionalidad no alcance en sí misma el misterio con sus múltiples atributos… absoluta trascendencia, íntima inmanencia y asunción de la iniciativa, es irrelevante o limitada. Ahí no existe amor. Quizás otra cosa, pero nunca amor.

Un sentimiento puede ser análogo al éxtasis místico, pero no así, un sentimiento desde la identidad. Porque surge la confusión entre lo que es fin y contenido, entendido como medio y forma.

Cuando uno empieza a conocer, empieza respetar al que ya conoce. Hable o no. Permanezca en silencio o no. Desvelar el ser sucede en los orígenes.

Dejar que tu conocimiento y desarrollo dependan de los demás es arriesgado y peligroso. No por lo que te puedan enseñar, sino por la falta de voluntad en ti, que provoca. Amasa tu propio pan y serás libre. El hombre independiente luce en la oscuridad, por eso se le reconoce.

1 comentario:

Dani dijo...

Qué grande!
Mesías! Eres el Mesías!

Una pregunta. Cuando dices "El problema es que llamamos a una cosa “buena”, porque la deseamos y no al revés", ¿te refieres por "al revés" a que una cosa es buena cuando no la deseamos? ¿Es el deseo motor de purificación e índice de las cosas que aún no son buenas?

Mucha caña Arturito. ¿No lo podrías descomponer en haikus? A uno al día igual me daba el cerebro para desmigar.

Genial ese "Soy todo lo otro. Lo virgen, lo desconocido, lo fuera de mí, la otredad." Me recuerda a la "intelijencia" de Juan Ramón, que es esa otredad en lo Uno. Te copio un par de poemas, grandes:

¡Intelijencia, dame el nombre

exacto de las cosas!

...Que mi palabra sea

la cosa misma,

creada por mi alma nuevamente.

Que por mí vayan todos

los que no las conocen, a las cosas;

que por mí vayan todos

los que ya las olvidan, a las cosas;

Que por mí vayan todos

los mismos que las aman, a las cosas...

¡Intelijencia, dame

el nombre exacto, y tuyo,

y suyo, y mío, de las cosas!

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Y otro, increíble:

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Tira la piedra de hoy,
olvida y duerme. Si es luz,
mañana la encontrarás,
ante la aurora, hecha sol.

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