29 jun. 2009

EL AGUA



Purifica mi alma en tu río vertical, desciende el ocaso y llévame contigo. Acaricia al búfalo de barro y reserva. En agua las preguntas y el abismo. Azul en tus labios, incoloros los adioses y la huida del verano. Acaricia la montaña de los dioses. La cultura era el sembrar tus campos. Agua sagrada, siglos de espera. Travesía por el Nilo, paredes rocosas y la erosión en Jordania. Todo lo bello rebosa misterio. Tu belleza es un enigma, mujer, estrella o pájaro de luz. Piragüismo en los rápidos de tus humores. Descansa la tarde, no la despiertes. Ronca en altavoz el océano. Salinos y secos, tus te amo. Diosa de las plantas. Parque y juego para el rinoceronte que empieza a caminar. En los adentros de un alfiler danza el hombre, costura china, revolución y masacre. Todo estaba escrito, pero hicieron la guerra bajo tu aliento. Gotas de mercurio en el bingo de los horrores. Si el viento pudiese apagar el ruido, meditaríamos en el agua. Aguacero de noches vacías y la nada. Fango de aguas muertas y las horas. Un segundo en el trabajo. Agua celestial, ¡derrumba nuestras edificaciones! Arquitectura náutica. Sales de baño y un cuerpo desnudo electrocutado en el silencio. La belleza en Aster a tu lado. Sed y hambre de raíces. Sin tu concentración, el pensamiento queda anclado en un valle de lágrimas. Tú deshaces la palabra herida en la arena. Lavas los corazones abruptos en la taberna del agua. Ahuyentas los malos espíritus y cubres la luna con tu turbante. Sin ti no puedo caminar.

Aquí al atardecer, en Dharamsala, no hay barreras fijas, ni normas, ni ningún otro obstáculo en la senda del conocimiento. Lagos y agua. El viaje del amor y sus contrarios. Me puedo ausentar mil instantes y sentir dentro de mí el universo, No puedo asirlo ni entenderlo, sólo observar mi infinita capacidad en la expansión hacia lugares desconocidos, sin nombre, donde alguien estuvo antes, pero no queda recuerdo. Son formas de agua, imágenes de una inercia. De algo inexplicable, de un silencio esbozando una sonrisa. Hay algo que se nos escapa, sólo puede ser eso. Mirar con los ojos en agua no basta. La conciencia se abre y la mente reposa. ¿Cuántas veces os habéis sentido tan lejanos de todo lo que nos rodea, y tan dulcemente vivos? Mares sin agua. Te alejas pero estás; el tiempo y el espacio se disipan. No hay fricción, sólo entendimiento. Suspendidos en el aire, vapor de agua. Millones de años se pierden bajo tus pies y la historia es un sueño insignificante. Absortos en la grandeza de algo sin forma, un paisaje volátil, un sonido, un pensamiento…pienso inconsciente, ¿es posible que alguien haya estado aquí? Esto es irrepetible, de hecho ya no soy aquello. Soy el agua y tú el cielo azul. Mismo color. La intensidad perforando el corazón. Un surco en lo más profundo de nuestro ser. Una brisa dejando una huella en el agua. Nada más que eso, lo inexplicable. Tanta perfección debe ser uno, porque nada correspondiente al no-ser puede ser inamovible. Donde no hay ser hay vacío, y dentro del vacío es propicio el movimiento, la ocupación de espacios, como el agua. Materia o cúmulo de impresiones sin forma ni profundidad. El movimiento lo propicia el deseo que se traslada sin remedio de una posición a otra y espera su recompensa en forma de identidad. En el agua eterna, se bendice a la lluvia y a los ríos arrasando las referencias. ¿Dónde entonces, queda tu mundo? El cielo ya estaba aquí antes de tú llegar. Uno, sin forma, inamovible, permanente, eterno, espejo del océano sin límites donde yo me baño.


Paulovsky contra el tiempo 3

Paulovsky regresó a casa del trabajo como cualquier otro día, tras una larga jornada de 14 horas. Allí malgastaba el tiempo colocando arandelas en sus respectivas tuercas, para evitar el roce entre las dos piezas de una cadena de fabricación de estufas de carbón. Así pasaban los días, e iba amontonando en su memoria todas sus horas muertas en la fábrica. Una colección de no-momentos. Una vida no vivida, difícil de igualar en insustancialidad. Más bien, se podía igualar con un autómata antes que con un hombre, si por eso entendemos a un ser humano que dirige su vida y es dueño de su tiempo, al menos parcialmente. Así sucedió, que tras el velo de sus ojos se acumulaban las noches como despedidas y la bruma de los despertares fríos, silenciosos, anteriores a la aurora. Aquel instante en que las calles eran presas de la luna, que estampaba su luz en las aceras y los tejados, en las mezquinas construcciones impersonales de las fábricas del anti-hombre. Sólo algunas esquinas oscuras y los ángulos muertos de las vías descuartizadas por la erosión de la pobreza, daban cobijo a los seres del inframundo. Borrachos, fracasados, yonkies, que algún día arrojaron la toalla. Un día, aparentemente como cualquier otro, Paulovsky se levantó en su minúsculo piso, el cual compartía con otras tres familias supervivientes de la ex-unión soviética, traspasó el pasillo entre goteras mientras todos dormían y llegó a la cocina. Platos mugrientos, la nevera vacía y un gato famélico le esperaban. No pudo ducharse, porque les habían cortado el agua hacia unos meses por retrasos en los pagos. La mitad de los inquilinos con los que compartía el piso estaban en paro desde que cerraron la central nuclear del pueblo, la cual daba trabajo a más de la mitad de los ciudadanos del lugar. Cobraban una mísera pensión del estado, que invertían en botellas del vodka más humilde y latas de cerveza “Stepanraiser”, la de menor calidad y mayor graduación del país. Ante este panorama, Paulovsky prefería no enfrentarse a una situación encasquillada de por sí, sin visos de cambio en un futuro cercano. Bebía dos lingotazos de un vodka ucraniano de contrabando que había conseguido en el mercado negro a un precio más bajo, fumaba la colilla de algún pitillo mal apagado el día anterior y salía de casa en dirección al trabajo con la misma vocación de desolación que un ángel exterminado antes de tiempo puede sentir. Sudoroso, ojeroso y con el estómago herido recorría una distancia de 15 kilómetros hasta llegar a su puesto de producción. Como era lógico, un día Paulovsky no pudo más y decidió dar un cambio drástico a su vida. Ya que no podía disfrutar de los días ni del escaso sol que visitaba la comarca, emprendió un carrera poética, no por ello menos autodestructiva, de contemplar las noches y sucumbir al insomnio. Lo único que le pedía el cuerpo al llegar a casa era beber hasta perder el sentido u olvidar el día anterior en la fábrica. En eso invertía el dinero ganado durante duras jornadas de 14 horas. Les pagaban por días y apenas le duraba los rublos una noche en sus manos. Asumió que solo disponía de tiempo para dormir o emborracharse. Y asumir que sus compañeros de piso ganaban prácticamente lo mismo que él estando en casa, fruto de la pensión del estado le desolaba enormemente. El gobierno parecía premiar una política de hombres dependientes antes que estimular una sociedad útil y trabajadora, reconociendo las virtudes y los derechos de sus proletarios. Ellos por quedarse en casa gozaban del mismo sustento económico y además gozaban del tiempo a su antojo. Volviendo a su reflexión anterior, reconocía que dormir era una actividad beneficiosa para su salud, pero que el único rato que tenía de disfrute para sí mismo eran las madrugadas. Todo era una bola de nieve inmensa. Cada vez descansaba menos, para poder emborracharse a solas y provocar el estallido de ciertas ensoñaciones solitarias, casi literarias…Solía bajar a la zona de recreo común que se asomaba en frente de su edificio. Vivía en una ciudad dormitorio a las afueras de San Petersburgo, donde las torres de apartamentos se construyeron a comienzos de los 70, al más puro estilo Estaliniano. Cuatro bloques de hormigón y en medio un rectángulo de mala hierba con cuatro columpios oxidados donde jugaban los niños. En aquella comunidad, eran los únicos que aún no habían perdido la capacidad de sonreír. En los gélidos inviernos, más de un hombre apareció congelado en los columpios con el torso al descubierto. Las condiciones eran extremas. Como dije, Paulovsky bajaba sólo al patio y se sentaba en el banco más apartado, que sería una especie de nave espacial donde iniciaba exploraciones galácticas. Lejos de los borrachos del barrio, casi como un ritual, contemplaba las estrellas y las constelaciones que se dejaban ver en cada estación del año. Se preguntaba si algún día él, también podría viajar hasta allí, como la famosa tripulación del Vostok 1 en 1961, con Yuri Gagarin a la cabeza. Paulovsky reía sólo, bromeaba con la vida que llevaba, e incluso a veces hasta lloraba de emoción. Era muy consciente de la dificultad que conllevaba aislarse del mundo ilusorio que le rodeaba. Un mundo ficticio cargado de maldad y falto de valores. Su dignidad se convirtió en un escudo férreo contra la soledad y la falta de esperanza. Paulovsky era un alma bondadosa que pocos conocieron. Tenía sólo un amigo que emigró a Kazajistán en busca de una nueva vida hacía ya dos años. Aquello le apenó enormemente, pero soñaba con ganar suficiente dinero para poder visitarle algún día y compartir juntos un buen cordero en las montañas, aderezado con especias imposibles de encontrar allí donde el vivía, allí donde el aceite de las máquinas era el único olor que reconocía familiar. Aún así, el cielo estrellado de verano, incendiaba su imaginación, pensando en como estaría su amigo Nikita, si habría encontrado una mujer y en las largos poemas de Pushkin que compartían antaño. Así pasaba sus noches hasta que llegaba la hora de regresar a la fábrica. Pero las cosas fueron cambiando y surgieron graves problemas. Paulovsky fue sucumbiendo ante el peso del tiempo vencido. Fue aplastado por sus propias ilusiones. ¿Cuánto puede aguantar un gladiador ante una fiera salvaje sin comer ni descansar? El alcohol dejó de provocarle fantasías y ya casi bebía por inercia, para escapar a los fantasmas del trabajo, para relajarse y cortar su último asimiento con la sociedad. La frustración llegó a puerto, y se fue adueñando de sus horas. Los días se volvieron aún más grises e interminables y las noches cada vez más cortas. Bebía sin parar, como alguien que está buscando su final. Asumió que nunca tendría tiempo para realizar sus sueños. Un día le despidieron del trabajo, pero como no vivía en la época comunista, ni una pensión pudo consolarle. Había dedicado 15 años de su vida a un trabajo esclavizador y mal remunerado, con el que pagaba las pensiones a los viejos héroes del pasado, y ahora se encontraba en la más absoluta indigencia. Ahora vagabundeaba por el parque con todo el tiempo del mundo, pero estaba irreconocible. Era un corazón muerto, asustadizo, con el alma partida en dos. El antiguo brillo de sus ojos se había desvanecido, y ahora sólo quedaba una mirada febril, cansina. De frío y desesperación. Hasta que un día ocurrió el milagro. Dios nunca carga sobre los hombros de un hombre más peso del que puede cargar, le dijo hace tiempo un maestro. Ya cercano a la muerte y en la inanición, un día alguien se le acercó.

  • Querido Paulovsky, que han hecho de ti, ¿por qué estás ahí tirado como un pobre?

  • ¿Quién eres?, balbuceó en un esfuerzo descomunal

  • Soy tu amigo, alguien que te quiere y nunca te olvidó

  • Yo sólo tengo un amigo y me abandonó…susurró

  • No, tú tienes un amigo para siempre y ha venido a buscarte

  • ¿Nikita?, preguntó

  • El mismo mi querido y admirado Paulovsky, es hora de regresar a casa. Te llevaré conmigo a aquel lugar donde aún existe el tiempo. He venido a rescatarte

Paulovsky estalló en un llanto como un bebe, y no dejo e acariciar la cara de su amigo Nikita hasta que se perdieron en el horizonte. Nikita lo llevaba en brazos, sereno y con la mirada tranquila. Ahora viven en Kazajistán.

Todo lo que hacemos en la vida es trascendente, transforma el universo. Todo el amor que damos regresa en sus múltiples formas. Así es la voluntad de Brahma.


Una noche en los 50


Una alfombra celeste llega a puerto, baño de mar

Los barcos impasibles, descansan amarrados en la calma

Al rescate, en espera, de un verano

La catedral arde a lo lejos

Incendiada bajo el fuego del atardecer

Mientras, un viejo buque de la guerra de corea,

Corta el cristal a su paso, y las hostilidades

Reavivan la memoria de un cuchillo rasgando la penumbra

Los mástiles tejen una tela de araña en la que el pájaro,

Juega a ser acróbata

Los pesqueros son la batida de una gaviota levitando en el horizonte

Las palmeras desfilan por sunset boulevard,

Una procesión de verdes y castaños, en dirección a un banquete

Hoy contraen matrimonio el amor y la libertad

Los automóviles han colapsado la autovía,

Y el hombre ebrio de vino salta por los capós y los tejados al ritmo de un conjunto búlgaro

Trompetas, saxofones y humo, decoran el cielo de una noche de tranvías y estrellas

Gritando versos de Walt Whitman, tarareando un de Charlie Parker a pleno pulmón

El verano ha acudido al rescate

Y los cuerpos desnudos chapotean en aguas de música y licores franceses

La literatura abunda en las esquinas, en cada mirada…

Cómplice de una noche de declives y cometas

¡Todos se aman!

¡Mirad como sonríen y cambian de pareja en alegres bailes!,

Con el tacto y las pieles al unísono

Piedra eterna…

Si toda esta pureza durase una vida de inocencia, nadie tendría que preocuparse

Aquí se folla con toda la pasión y elegancia necesaria

Se cuida y se ama, se embiste y se reza a la vez

Todo es sagrado, cuerpo de mujer

A ti te rinden culto los hombres anticuados

Y subliman con el corazón a horcajadas

Mientras mi lava entra ardiendo en tus adentros,

Nadie como tú, sagrada y virgen cada comienzo…

El festival de la luna y las tartas, los refrescos y el cine al aire libre

Los hombres se arreglan los cuellos de la camisa,

Y guiñan sus ojos como si fuesen gatillos,

Revólveres infalibles cargados de honor

La mujer es toda falda atravesando el parking en patines

Monta en el descapotable robado de los jóvenes salvajes

Azotando el paisaje, a toda hierba

Regando el asfalto con botellas recién descorchadas

Las cerillas, los brindis al cool

Lo hermosos no se toca, ¡Ay!

Cuanto esplendor enarbolando la mítica semilla de la juventud

Música de la vida, gentío amable

Alguna que otra pelea y las buenas conversaciones

El sentimiento dirigido al centre, el satori y la redención,

Ahora, la luz vence por fin, las sombres se diluyen

El pensamiento es un ramo de violetas al aire

La fragancia trenza lianas que ascienden hasta el mirador,

Donde soñamos con un viaje en autostop y nos metemos mano, con un batido apoyado en la guantera

Vuela el corazón y se derrama el jugo milenario de la amistad

Vencen los héroes en la guerra, las peluquerías se desbordan

Es fiesta nacional y quedan los infinitos veranos del joven recién bañado secándose al sol

Los pájaros se suman a la fiesta y desencadenan himnos y brisas, efluvios del espacio

Todos indestructibles, generación inmortal de poetas y yoguis, prostitutas y yonquis, predicadores y apóstoles, músicos y beatniks, camino del Dharma…

Queda tanto por vivir, el viaje y el camino, los trenes de carga, los coches de prestado, el autostop, la bandera aciaga, el budismo de trinchera, las noches en llamas, las ciudades despertando al ritmo del jazz, a los lejos, se avecinan las eses, la llave de entrada, jóvenes del mundo venid a buscarnos, en los tugurios más finos se cierra más tarde, otro trago Jack, hace un calor de espanto, estamos hechos para el amor, y la libertad…!Join us!