2 ago. 2010

Los mil tránsitos




Uno cambia de lugares, de camas, de espacios y pierde el sueño. Uno puede llegar a perder la quietud y la calma en estas noches de verano. Se hacen largas. Demasiado calor, demasiadas idas y venidas. La infancia es la felicidad. La juventud la esperanza y la alegría. Luego llegan la extrañeza y la soledad. A priori es más bello vivir a través de la imaginación, pero uno ya es demasiado sabio para creer que todo eso existe. Ya no vale con pedir limosna al hedonista. La gran experiencia es interior. Es curioso ver a los más jóvenes deleitándose en los placeres cotidianos. Uno no sabe si añorar dicha inconsciencia o empezar a reír. No me gustaría volver atrás, aún sabiendo que allí era más fácil caminar. La ciudad tenía alumbrado público. Pero yo conozco una geografía sin farolas: el cosmos. Los amigos desaparecen, saltan a otras ciudades, danzan, giran, se quedan por el camino, se pierden en los bucles de la vida… Cuesta imaginar quiénes éramos, quiénes eran todos ellos. Queda el calor del corazón, lo confuso del recuerdo siempre selectivo y caprichoso. No se puede vivir en la sacudida y el temblor. Ves pasar los amores de tu vida por delante, tus mejores amigos, la gente con la que pensaste compartirías unas ideas toda una vida, y amaneces en una nueva cama, insomne, descolocado, sin explicación alguna. Es agosto, hace calor, la ciudad permanece quieta. Toda la gente que amo vive a muchas leguas de distancia. Algunos viven en mi ciudad, pero esta ciudad no me pertenece, no la reconozco. Quizás ahora, que algunos son demasiado jóvenes para alcanzar la claridad y otros se han dado a los caminos más sencillos, tan sólo quede aguantar. Hacerse fuerte en las pulsiones. Seguir contemplando el paso de las horas. No queda mucho que celebrar, excepto el saber que estamos vivos. Mañana no estaremos aquí. La vida es compartir, ya lo sé. Lo llevo haciendo toda mi vida. Pero todo lo que nos acerca, también nos separa. Una vez más, me refugio en los silencios, en los rayos de luz, entre las flores, en la meditación, e incluso en la palabra. Sé que todo pensamiento ajeno a un estado de ánimo es incomprensible…por eso no espero comprensión. Tan sólo que alcancéis la paz. Yo la he visitado muchas veces, pero siempre me expulsa de nuevo a la vorágine, la infinita lucha entra una mente ciega y un corazón hastiado. En la vida sólo se puede amar 2 o 3 veces antes de quedar exhausto. Por las noches me visitan los viejos sueños del pasado. Ya no les creo. Están envenenados. La melancolía me intenta abrazar para ahogar mi presente, pero ya nos conocemos. Sin acritud, puedo decir, que los años pondrán las cosas en su sitio. Justo ahora que todo se desmorona en estas noches de fatiga y niebla, reconozco que si consigo dar un par de pasos más…partiré para siempre. Abandonaré el estado en el que casi todos quedamos apresados de por vida. No sé cuánto tiempo puede esperar un hombre a su mujer. Lo llevamos haciendo vidas. ¿Qué son unos años entonces? ¿Qué son mil reencarnaciones? Yo sólo quiero la verdad. Juntos, la eternidad.

“El amor no sólo debe ser una llama, sino una luz” Henry David Thoreau

http://www.goear.com/listen/b260758/imaginary-man-ray-davies

1 comentario:

Dani dijo...

Joder Arturo... TE estás convirtiendo en mi madurito favorito, jejejeje