9 sept. 2010

KRISHNAMURTI





Extracto de una Entrevista con Krishnamurti por Carlo Suarès, Planète 1964.
La importante revista francesa Planète publicó, en su número 14 de enero-febrero 1964, un diálogo de enorme interés para toda persona a quien le preocupen los problemas fundamentales de la existencia humana.



Krishnamurti: Sí. El recuerdo de la emoción intensa, del choque, del éxtasis, engendra una aspiración hacia la repetición de la experiencia, y el símbolo se convierte en la suprema autoridad interior, en el ideal hacia el cual tienden todos los esfuerzos. Captar la visión llega a ser un propósito; pensar en ella sin cesar y disciplinarse, un medio. Pero el pensamiento es aquello mismo que crea una distancia entre el individuo tal como él es, y el símbolo o el ideal. No puede haber mutación posible sin morir para esa distancia. La mutación sólo es posible cuando cualquier experiencia cesa totalmente. El hombre que ya no vive ninguna experiencia es un hombre despierto. Pero vea usted lo que pasa en todas partes: se buscan siempre experiencias más profundas y más vastas. El hombre está persuadido de que vivir experiencias es vivir realmente. De hecho, lo que se vive no es la realidad sino el símbolo, el concepto, el ideal, la palabra. Vivimos de palabras. Si la vida llamada espiritual es un perpetuo conflicto, es porque en ella formulamos la pretensión de alimentarnos de conceptos, como si teniendo hambre pudiéramos alimentarnos con la palabra “pan”. Vivimos de palabras y no de hechos. En todos los fenómenos de la vida, ya se trate de la vida espiritual, de la vida sexual, de la organización material de nuestro tiempo de trabajo o de descanso, nos estimulamos por medio de palabras. Las palabras se organizan en ideas, en pensamientos, y sobre la base de esos estímulos, creemos vivir tanto más intensamente cuanto mejor hayamos sabido, gracias a ellas, crear distancias entre la realidad (nosotros, tales como somos) y un ideal (la proyección de lo contrario de lo que somos). De esa manera le volvemos la espalda a la mutación.

Hay que morir para el tiempo, para los sistemas, para las palabras

Carlo Suarès: Recapitulemos. Mientras exista en la conciencia un conflicto, sea el que fuere, no hay mutación. Mientras domine nuestros pensamientos la autoridad de la Iglesia o del Estado, no hay mutación. Mientras nuestra experiencia personal se erija en autoridad interior, no hay mutación. Mientras la educación, el medio social, la tradición, la cultura, o sea nuestra civilización, con todas sus influencias, nos condicione, no hay mutación. Mientras haya adaptación, no hay mutación. Mientras haya evasión, de cualquier naturaleza que sea, no hay mutación. Mientras yo procure alcanzar altas virtudes de asceta, mientras yo crea en una revelación, mientras yo tenga un ideal cualquiera, no hay mutación. Mientras yo procure conocerme analizándome psicológicamente, no hay mutación. Mientras haya un esfuerzo en pos de una mutación, no hay mutación. Mientras haya una imagen, un símbolo, ideas, o solamente palabras, no hay mutación. ¿He dicho bastante? No. Puesto que, llegado a este punto, sólo puedo verme obligado a agregar: mientras haya pensamiento, no hay mutación.

Krishnamurti: Exactamente.

Carlo Suarès: ¿Qué es, entonces, esa mutación de la que usted habla en todo momento?

Krishnamurti: Es una explosión total en el interior de las capas inexploradas de la conciencia, una explosión en el germen, o si le parece mejor, en la raíz del condicionamiento, una destrucción de la continuidad.

Carlo Suarès: Pero la vida misma es condicionamiento. ¿Cómo es posible destruir la continuidad y no destruir la vida misma?

Krishnamurti: ¿Quiere usted realmente saberlo?

Carlo Suarès: Sí.

Krishnamurti: Muera usted para la continuidad. Muera para el concepto total del tiempo: para el pasado, para el presente y para el futuro. Muera para los sistemas, muera para los símbolos, muera para las palabras, porque todo eso son factores de descomposición. Muera para el psiquismo, pues él es el que se inventa el tiempo psicológico. Ese tiempo carece totalmente de realidad.

Carlo Suarès: Entonces, ¿qué es lo que queda sino la desesperanza, la angustia, el miedo de una conciencia que ha perdido todo punto de apoyo y hasta la noción de su propia identidad?

Krishnamurti: Si un hombre me formulase esta pregunta de esa manera, yo le respondería que él no ha hecho el viaje, que ha tenido miedo de pasar a la otra orilla.

Entrevista completa: http://www.jiddu-krishnamurti.net/es/una-entrevista-con-krishnamurti


http://www.goear.com/listen/cc3547c/gayatri-mantra-deva-premal

2 sept. 2010

El mundo





A veces me pregunto, que habría sido de nosotros sin el mundo. En nuestro mundo fuimos tan felices... Todo era luz, alegría y belleza. Pero claro, renunciar al gran mundo es renunciar al camino. A veces el precio de seguir buscando es perder lo mejor que uno tenía. Sólo la calma preserva las buenas costumbres. La realidad siempre lanza su anzuelo a los que están soñando, suelen picar. Yo la próxima vez no lo haré. Conozco otro mundo donde fui feliz. Contigo fui feliz. Pero ahora, mi curiosidad se ha volcado hacia dentro. Por eso a veces maldigo al tiempo, que es como maldecir a los hombres más cobardes. Yo fui tan valiente como para llevarte de la mano a ese otro lugar, sabiendo que si no era el momento apropiado, correría el riesgo de perderte... Pero el amor es impaciente.
A veces me pregunto que habría sido de nosotros sin el mundo, sin los otros. No lo sé. Pero tú ya sabes que ese otro lugar existe. Existe el lugar donde aún se puede sonreír, viajar de la mano, brillar y amar. Y eso es suficiente. Ese es nuestro secreto
Pasar tiempo con las personas equivocadas envenena todo lo que uno ha forjado con humildad y cariño. Nuestro gran drama es estar cerca, volcarnos con personas que no se respetan a sí mismas. No sólo no cambian, sino que nos cambian, nos degradan, nos deshonran. Destruyen lo mejor de nosotros mismos y nos hacen perder aquello que más amábamos. El primer gran reto de todo hombre en el mundo moderno es alejarse de todas ese energías infecciosas que reducen nuestra capacidad de obrar y ser libres. Desde Séneca, pasando por Spinoza, hasta Baudrillard, todos los saben. Es fácil que un hombre reconozca cuándo se acerca a algo luminoso, lo difícil es deambular por las aceras del mundo en una noche cerrada y no tropezar con el diablo. La salud es estar cerca de uno mismo y lo más lejos posible de la catástrofe que provocan los que justifican sus acciones desde la desidia y la debilidad. Pasar un día con alguien que no cuida del mundo, es volverse cómplice de un asesino emocional. Todo aquél que no intenta ser mejor cada día, está faltando al respeto a la vida. No la merece. Nuestra responsabilidad con el mundo es algo innato. Quien no está a la altura destruye todo lo que los demás crean con amor y paciencia.
Todo esto me hace pensar que nuestro mundo era el mundo verdadero. El mundo donde Dios se manifiesta en los colores, en las luces más serenas, en el fulgurante baile de los locos que estallan en el centro de la vida.
Pero…para llegar a ese lugar hay que ganárselo. Sólo permanecen allí aquellos que lo merecen. Yo pienso regresar…
Y espero verte allí…
Que Dios bendiga tu camino…
Es tiempo de rezar, meditar y amar.
Siempre lo fue.

Judee Sill "the kiss"
http://www.youtube.com/watch?v=0feFedDW_iQ