17 ene. 2011

Aprender la pérdida




A veces partir, dejar un lugar, es una forma de aclarar las aguas.
Qué duro el ver, que aquellos a los que dedicaste tu tiempo, tu amor, tu cariño, vagan perdidos en sí mismos.
Ya no queda tiempo ni para despedidas.
Dos seres que se aman nunca se despiden, se contienen.
Lo difícil es saber que a los que amaste, y no están a la altura de la vida, los perderás para siempre.
Son esos de los que nunca pudiste despedirte.
Esos a los que nunca tuviste cerca cuando los necesitaste.
Porque a quien ha muerto en vida junto a su amigo, no le es necesario despedirse -se contienen- renacieron juntos.
Más difícil aún, es haber visto morir en vida a quien querías, y que esa persona no llegue a rescatarte cuando tú vas a caer.
Como veis, todo se resume en estar y ser.
Estar cuando se debe estar: en la muerte o en las despedidas.
Ser, siempre ser una persona.
Pero no hay culpables, esa es la tragedia.
La amistad, así como el amor, es el reflejo del mundo y nos alecciona sobre el dolor.
Quien no sabe interpretar cada momento, cada necesidad de un ser querido, está malgastando el amor de los tiempos.
Perder la memoria por estar en el ahora es digno de alabanza.
Perder la memoria por estar en uno mismo es signo de ceguera y desconsideración.
Faltar al honor es inaceptable, la mayor ofensa.


Abu Sa`id:

"Habitas en mi corazón,
aun cuando lo empapes de sangre.
Resplandeces en mis ojos,
aun cuando los inundes de lágrimas."

1 comentario:

Violeta dijo...

"Dos seres que se aman nunca se despiden, se contienen."

genial!

saludos, Arturo!

;)