31 ene. 2011

Un hombre más allá de sus sueños



1.Ajuste de cuentas

Llevo tiempo pensando en esto de la existencia. He intentado vivir de la forma más digna que conozco: vivir causando el menor daño posible a otros seres vivos.
He viajado, he vivido en otros países, he amado con todas mis fuerzas, he rendido pleitesía a la belleza, me he educado en el arte de la contemplación, he dejado todo lo que tenía por cuidar la verdadera amistad y hacer de ella un tesoro.

He soñado con ser escritor, filósofo, viajero, orientalista, etc… Cuando era más joven pensé en que encontraría a la mujer de mi vida y viajaríamos juntos como hippies por el mundo, con los hijos a cuestas, felices, riendo, meditando, bailando alegría etc…
También llegué a soñar con una casa antigua donde fuese coleccionando libros hasta formar mi propia biblioteca. Imaginaba veladas mágicas en torno a la chimenea, con un buen vino, leyendo a los más grandes: Dostoievski, Simone Weil, Platonov, T.S.Eliot, Lao tze, los sufíes, etc…
Cuando era más joven aún, soñaba con irme a vivir a una comuna con mis mejores amigos y dejar pasar el tiempo lentamente mientras hablábamos de la vida, filosofábamos, fumábamos hierba, y nos bañábamos en el mar de noche.
No hace mucho soñaba con tener una chica para siempre, viajar lejos, ser artistas, ser hogar y educar a nuestros hijos a nuestra manera. Educarles de una forma bonita, alegre, auténtica. Verles crecer junto a mi chica y abrazarme a ella por las noches. Hacer del amor un milagro.
También he soñado con hacerme renunciante o vivir en un monasterio. Vivir alejado del ruido y dedicarme a las plantas y a Dios. Dedicación plena a orar y meditar. Me habría gustado la idea de hacer un voto de silencio, callar para siempre.
Hubo una época en que soñé ser un bohemio itinerante. Viajar sólo por el mundo dedicado a la contemplación. Coleccionar historias pasajeras, romances furtivos. Hablar idiomas extraños, dialectos. Ser una suerte de antropólogo aventurero.
He soñado ser muchas cosas, he soñado vivir muchas de ellas.
Algunas las he conseguido, otras no. Ambas me han hecho llegar hasta aquí, hasta donde estoy.

Un golpe de realidad: Esos amigos se han desperdigado. Los amores volaron a otros lugares. La biblioteca no tiene nada que enseñarme. La comuna nunca llegó a existir. La hierba casi me lleva a la locura. No tengo pareja ni hijos (y ya no sé si los quiero). La escritura es vanidad o miedo. Viajar te enseña a reconocer la impermanencia de la vida, la fugacidad de las cosas. La filosofía vive en mí, no la necesito, yo la habito a ella, es mi condena. Lo del monasterio se me antoja difícil hoy en día. La amistad y el amor, mis dos grandes tesoros, se componen de humanos, y los humanos somos débiles y frágiles. Casi siempre uno de los dos no está preparado para ello.
Mi realidad es la soledad.
Los sueños vienen y van pero continúa la persona. Esa persona que se revela en el tiempo, que nunca es la misma que comenzó el viaje.
Más vieja y sincera en mi caso, pero también más sola y aislada. Aislada de isla en un océano infinito.
Mi libertad, no exenta de generosidad, me ha ido desarraigando de todo. Puedo decir que casi nada me queda. Qué paradoja.
El problema de crecer es que los sueños se acaban. No porque no existan más, sino porque uno se cansa de jugar a lo imposible. Los sueños, sueños son. Una fábrica de ideales 24 por 7. No se trata de ganar o perder batallas, he vencido mil veces y me han derrotado otras mil. No se trata de que uno pierda la esperanza, de que el daño paralice, no es así. Soy comprensivo y compasivo con los hombres. Somos incapaces de hacerlo mejor y eso tiene una explicación.
No somos dueños de nuestras vidas, así de sencillo. Aquél que crea tener control sobre su vida se equivoca. Lo puedo asegurar.
Cuanto más sincero, honesto, valiente, libre, bondadoso, compasivo, ético, culto, auténtico, espiritual, me vuelvo…más solo estoy. En fin, las propias palabras, palabras son. Ilusión. Ideales semánticos que a ningún lugar llevan.
Yo no conozco otro camino que la honestidad para acercarme a la verdad.
Puedo asegurar sin faltar a la verdad un ápice que he intentado ser lo mejor posible toda mi vida. He intentado ser honesto conmigo mismo, con los demás y con la vida. He amado hasta morir en vida. He ayudado al enfermo, he dado de beber al sediento, y la vida me ha colocado en esta situación privilegiada: La soledad.

Antes que una queja esto es un ejercicio de perplejidad.

Debe ser un signo de amor del altísimo. Tengo fe en ello.

Acercarme a la verdad tenía un precio: dejar de soñar.

Veremos si un hombre al que le han segado sus sueños, al que soñar ya no le embriaga, puede llegar a sí mismo.

Por creer en la eternidad y en la inmortalidad del amor soy hombre muerto.

Tendré que volver a nacer.



2. Si vas a leer esto, te pido que lo hagas sin ti. Desde ti pero sin ti. Ajeno a tu construcción mental del mundo.

Hasta la gloria de los más grandes ha caído en el olvido.

Hay un momento en la vida, sólo uno, en que esta te propone: ¿Estás dispuesto a buscar la verdad? ¿Quieres conocerte? Tú debes contestar.
Ella no vuelve a preguntar. Quién contestó que sí o aún recuerda la pregunta, está a tiempo. Para el resto queda el olvido del sí-mismo.

Solito me metí en esta trampa: amar a tumba abierta como si la eternidad nos perteneciese.

3. El espectáculo de la naturaleza.

La vida humana es una tragedia. Hablo desde un lugar más allá de cualquier episodio temporal o finito, y puedo hacerlo puesto que no soy tiempo. Nos han hecho pensar, o hemos querido pensar, que somos importantes. No lo somos. Quien recuerda esto se vuelve demasiado intenso para el otro. Todo acaba en el olvido. Tarde o temprano el olvido se apodera de la historia, como surco infinito o grieta por donde la nada vuelve a crear orden. Las armonías, los números, las palabras, se deshacen tras la muerte y renacen en la imaginación de los que llegan, para luego partir. Nadie quiere aceptar esta ley y su vacío. La existencia no conoce otro remedio que el ritmo de los ciclos, su fluir. De ahí la importancia sagrada de encontrar la conciencia última. La renuncia es conocimiento y comprensión. Abandonar lo que no somos es acercarse al conocimiento. Me imagino que al final todo se iguala. Familia, hijos, pareja, amigos, trabajo, viajes…límites artificiales. Muros de contención para no caer en la locura. Pero todo se desborda. Somos olvido. Nunca hemos existido de esta forma. Sólo existe el ser en sí-mismo, y eso nos recuerda la importancia del ser y nada más. No hablo del cómo ser, es intrascendente. Todo lo que en la mente nace, allí florece y fallece. La mente es insaciable, al igual que el miedo. Abandonar el espectáculo significa dejar de creer en él, dejar de significarse. Alejarse de todo aquello que sustenta nuestra identidad.

Familia, amigos, amantes, países, lugares, sueños, deseos, anhelos, memorias, fotografías, proyectos, etc…

Aceptar la muerte es necesario.

Quizás entonces comience la vida...

4. Yo no conozco la vida. Debo ser humilde.

Cuando esta me preguntó, ¿quieres conocer la verdad? dije sí.
Demasiada vanidad.

Tengo todo el “tiempo” que los dioses me regalen para conocerme, y ando aún tan lejos de ello…

Como dije, la soledad es la edad del sol. Por algo será…

Un hombre solo, sólo un hombre

4 comentarios:

silvi dijo...

but you're not alone
you've got ME!

y mis muchísimas ganas de hacerte reír :)

d dijo...

estertor!!

Amanda dijo...

Buscar la verdad...
Y soledad.
Me suena mucho todo eso que escribes.
gracias por compartirlo.

Luciérnaga de neón dijo...

Tiendo a hablar de 'solitariedad' más que de soledad.

http://wvw.nacion.com/ln_ee/2009/febrero/09/opinion1868808.html

El fragmento interesante es: "Unamuno establecía una diferencia fundamental entre la soledad y la solitariedad.
La segunda es una opción consciente, una vocación, la voluntad de un individuo que ha elegido la soledad porque en ella encuentra la paz, la meditación, o porque es latitud propicia para la creación.

La soledad, en cambio, no es una elección, es una imposición, un bicho inmundo y viscoso que se adhiere a nuestras almas.

La solitariedad enriquece, la soledad nos agosta, nos aísla de lo esencial humano, nos trastorna y aniquila."

Cultivar la solitariedad como el Principito que abriga con un biombo a su rosa. Como un valor único. Un regalo al corazón... del cual cuidamos porque nos recuerda que que la belleza de la vida, la cual tantas veces plasmamos en una poesía, una foto, una pintura... es lo efímera que es toda ella.


A parte de eso... si quieres saber qué se siente haciendo un voto de silencio, puedes preguntarme. Hice uno de 1 mes.

* No son horas; pero no puedo dormir y he decidido perderme por aquí. Es una bonita pecera de colores y transparencias.