26 ago. 2011


Las historias más bonitas suelen ser las más tristes. El amor a las cosas finitas es amor a lo pasajero. Cuesta mirar atrás y ver cómo todo desaparece cada vez que caminamos. Uno se pregunta si fue un sueño, si realmente existieron todos esos momentos. La respuesta es sencilla: No. Por eso el amor hacia fuera, el amor externo, desemboca en el vacío. La “realidad” es finita, y lo finito pierde su existencia. La lección más difícil de aprender es que todo lo que amamos, si no es desde/en Dios/la conciencia, se desvanece. Es obvio como las personas buscan rellenar esos vacíos con nuevas ilusiones, con ideas y pensamientos, exaltando el sentimiento de lo novedoso, pero todo ello es un espejismo. El hombre deja su hogar para crear un nuevo hogar, busca recuperar el espacio materno, el calor de la amistad, hasta que averigua que jamás lo podrá conseguir. No hay tristeza en estas palabras, hay fortaleza y dignidad. Sólo desde la humildad uno puede enfrentarse a la pérdida. Aceptar el vacío es aceptar que la única unión verdadera es la unión con aquello que nos une, la esencia universal, el uno, lo absolutos sin relativos. Ese lugar no es mental, es profundidad y origen. El problema es acceder a él. No hay atajos para alcanzar ese lugar inmanente, eterno, inexpresable, en cada elección muere una ilusión, en ese dolor se edifica la autenticidad. Es fácil encariñarse con las cosas y las personas, amarlas incluso a sabiendas de que no habitan ese lugar. La imperfección es tan bella como lo imposible. Pero uno empieza a comprender que todo aquello que no somos, que no nos pertenece por irreal, está más allá de nuestro alcance. Y uno ama sin esperar nada a cambio, iluminado por los dioses, guiado por la intuición, arropado por la soledad, sinónimo de verdad. Ni con todas las fuerzas del mundo a punto para amar, lo otro puede ser una opción. Lo uno es lo verdadero. Cuesta saber que no todos pueden interpretar las claves del amor, las señales sagradas que éste nos brinda. La ansiada plenitud entre el hombre y la mujer se torna en algo casi imposible cuando la confusión y los conceptos empequeñecen el verdadero viaje. Sólo el ser humano es capaz de tener un tesoro diario a su lado y no verlo. Aceptar esto es aceptar que el “pecado” no es más que un sinónimo de oscuridad. La oscuridad que cubre una sociedad donde “Maya” reina en “Kali-Yuga”. Lo sencillo se convierte en algo difícil y la complejidad pretende ser sencillez, todo es locura entre seres que intentan ejercer como dioses. Pero llegará el día en que tendremos que mirar atrás y aceptar que todo es nada y nada es todo como dice José Hierro. Hasta la más increíble historia se perderá en el tiempo. No somos tan poderosos como creemos, y quien juega a idealizar su vida amparándose en falsos presentes, caerá con toda la gravedad que el prestigio y la fuerza insuflan a los que guían sus vidas desde el deseo y la ambición de ser “grandes”. La única grandeza es reconocer quienes somos y cuidar lo que tenemos. Vivimos épocas de falsos maestros, de falsos gurúes, de falsos taoístas que confunden el fluir con el individualismo (un egoísmo nada generoso que aparenta ser autosuficiente). Quien fluye desde el yo aumenta su carga y encala en la primera lección: No eres eso. La libertad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en dejar de ser lo que no somos, es decir, en no necesitar nada ni perseguir nada. Justo lo contrario a lo que promueve el capitalismo, una doctrina que ya no es solo económica, sino social y psicológica.  Una corriente donde todo es materialismo y superficialidad, donde todo está en venta, todo encuentra recambio. Si me canso escojo otra cosa, afianzando así un vacío infinito en las personas. Y no lo olvidemos, todo ello en nombre de la libertad, de la libertad de elección, degradando lo más humano, destruyendo a la propia naturaleza con técnicas de mercado y odiosas comparaciones que embrutecen nuestra forma de mirar. La contemplación y la atención mueren cada día en esa inercia.. Nos queda el Satsang, la compañía de la más elevada verdad. Es habitual el pensar que estamos haciendo bien las cosas e ir acumulando un karma negativo durante todo ese tiempo, hasta que acontece el desastre y clamamos contra lo injusto de la vida. Si esto sucede, es la prueba de que no somos quienes para comprender el alcance de nuestras acciones, existen fuerzas superiores, la verdad no es humana, emana de otro lugar y es inamovible, ya estaba aquí antes de que llegásemos. En fin, nos queda preguntarnos que estamos haciendo por nosotros mismos, que es lo mismo que decir: los demás. Las historias más bellas son las más tristes. Sólo será capaz de amar aquél que se conoce y acepta su Dharma. Nos hacen pensar que podemos ser lo que queramos, no es cierto. Nada de eso somos, somos una manifestación pura y perfecta del amor, de lo que ya estaba aquí mucho antes de que el hombre existiera. Somos lo impersonal. Lo divino. Reencontrarse con nuestra verdadera naturaleza requiere de mucho valor. El dolor y la belleza gobiernan este mundo. Ya sin mí, más allá de todo lo que jamás existió espera mi amor al tuyo, ojalá algún día podamos  abrir los ojos juntos y contemplemos todo esto. Nada más necesitamos.

2 comentarios:

sicopablos dijo...

inmensas palabras, hermano.....y qué hermoso y difícil el camino....permítame compartir el texto como una puerta abierta a los tesoros...un fuerte abrazo y muhco amor....

Anónimo dijo...

las historias más bellas no me parecen tristes sino bellas, verdaderas. es cierto que lo que somos está debajo de lo que mostramos la gran mayoría de las veces, pero todo blanco o todo negro tampoco ayuda. podemos ser lo que queramos porque lo que queremos ser es lo que realmente somos. luego está la vida, y cada uno elige. sabes que se podría uno pasar horas hablando de ésto, sabes que lo montan todo para que no tengamos tiempo de hablar de ésto y para que todo vaya rápido y no pensemos. gracias por hacer el trabajo de pensar y compartir. no hay blanco y negro más que en las gafas, todo es más hermoso que ese dolor, porque ese dolor es parte de lo hermoso, por mucho que nos digan que no existe.

isabelnyita