1 oct. 2013

Harpox se va despidiendo (Esta será mi penúltima entrada)



Ya está aquí el otoño con sus cruces fríos y sus surcos psicológicos. Acuden las musas a la melancolía de las hojas secas y la calima profunda;  acuden a la llamada de su madre la memoria; intentarán que rememoremos nuestros orígenes pero será imposible; ¡hasta Zeus ha caído en el sopor de la empresa de lo vivo!  Es como si una vez dentro de este carricoche europeo atravesando los bajos paisajes de la supervivencia tan sólo nos quedase esperar  un nuevo nacimiento en el bocado de alguna luz; algo así como salir de entre las piedras y tomar aire; ¿qué nos cabe esperar? quizás ésa fosforescencia que brilla entre la niebla. Y es que vivir es algo extraordinariamente solitario; el tiempo nos habla de la soledad, su único lenguaje; de la pérdida de la duración y el instante; ¿cómo no? teoría del instante implacable, tremendísima por no ser aplicable al ser que se encuentra “fuera de sí”, fuera de su esencia.

El instante lo es o lo podrá ser de las esencias, pero no de nosotros, seres excéntricos, aturdidos transeúntes caídos en la desdicha, falsos adivinos, funámbulos imantados al cínico placer de la vacuidad; Nosotros no podremos desdoblarnos y salir del tiempo lineal, descontextualizar y evidenciar que ahí, en algún hipotético lugar, reside algo de vida; como si lo real fuese un espacio entre el inconsciente colectivo y el subconsciente individual.

Hasta ahí quisiera llegar para sentarme a respirar y así olvidar lo de delante -que parece ser y no es-; no es más que atisbo, afán de control, la reducción de un drama con estructuras comunes y ficticios pasos planificados en el tedio.

No alumbra este presente como no me alumbras tú, a ti que te he amado y ahora eres divagación en ensoñación lejana, apenas nada, poderosa en toda tu ignorancia, ¡qué dolor! Ante ti se abrió el camino de la bondad, el coraje de la luz más auténtica, y no pudiste verlo… ciega de ti, devorada por los falsos destellos de este mundo idólatra, por la ilusión de que serías triunfal en tu dominio… pero al final quedó el arte plano como los ojos de dimensiones estériles, el vacío a raudales de los contrabandistas que estremecen a los corazones inocentes con promesas de cultura y letras… Fariseos y herejes atentando contra el amor y la vocación a la verdad, y su belleza.

Hace unos días escarbé en esos momentos que se suspenden en las historias personales, que no nos pertenecen radicalmente pero sí desde lo aéreo de la ensoñación creadora; poder transportarse a un lugar tan lejano como “lo fuera del mundo”, más allá de referencias humanas, históricas, sociales.

Existen tantos planos y desde tantas percepciones, trágico envite de la subjetividad (Dios nos hizo libres), que tan sólo nos queda intuir el amor en lo intocable. Saber qué es bueno para nosotros. No lo que queremos, sino lo que es bueno de verdad. Algo que sea suficiente para poder recorrer esta fuga sin miedo, algo como aire de inmensidad y fotografía voladora, o su revés si es propicio, pedalear hacia delante entre ciervos naranjas y lunas de esmalte. Lejos de la sospecha que levanta la voluntad (Nietzsche se ahogó en una piscina de estrellas)

El tiempo es solitario, nos recuerda lo lejos que estamos de llegar a ser lo que somos; ésa es su tragedia pero también su ambición.

A una madre cuesta preguntarle si tiene miedo a morir, porque puede empezar a llorar en ese mismo instante, y hacer nacer la despedida que estaba por llegar, hacer adelanto de lo diabólico ¡terror! ¡Estamos solos!… ya nadie quiere hablar de los finales y cuando llegan son muertes cósmicas, que no naturales. Pero nos queda poco tiempo juntos ¿En qué aprovecharlo? ¿Y si fingimos como todos?  Debo dejarme tocar por aquella que amo y no hablo de placer; que desde el roce lleguemos más lejos que la imagen, como toda vida invisible. En ese cuerpo ya se está configurando la eternidad, lo absolutamente heterogéneo, pero no lo vemos… tenemos la oportunidad de decir algo definitivo, ¡de cesar en el otro por amor a la vida! Pero no…

Pero ¿y sentir y ver con tanta profundidad?

Lejanía de la imagen que hemos convenido para nuestra tranquilidad, nos vuelve astronauta, seres ingrávidos, viajeros de edenes y auras lejanas… vamos a morir… Manrique lo sabía…

Es lo más trascendente que se puede pensar e intuir… la filosofía me produce compasión, gran amor, entre esos hombres los hay honestos (sobre todo los que no hacen de su labor algo público) siempre forjados en la lucha, ¡Oh! ¡Mis amigos los filósofos! ¡Miles de leguas más valientes que los poetas modernos!

No hay farsa ni semblante impostado para el que se juega su locura en cada paso.

¿A dónde iba, amor inmortal que te escondes tras pieles de mujeres frágiles y te refugias en rostros humanos que a la postre dejan de cantar y cuajan su mayor decepción?

Lo más triste de la vida es habitar entre cobardes y tener que amarles como hermanos, porque lo son, joder, lo son. El valor es cosa de héroes, pero por encima del héroe está el santo.

La santidad es la única posibilidad de salvación (Y Kant lo sabía)
Jesús, ilumina mi corazón.