28 abr. 2009

UN MOSAICO DE LA TEMPESTAD


El amante (A Francis Bacon)

Los hombres azules se enfilan en la barra del bar con una actitud desafiante. Una mezcla de carne y los ligamentos de un violín castrado. Cada uno mata lo que ama apurando el último trago, mientras la tarde se apaga. El barman es un perro rabioso desfigurado por el movimiento de un pincel. Su amo se agazapa atrincherado en los ladridos, escapando a la sociedad. Bien podría ser el pintor. Los viandantes deslizan una mirada oblicua y atraviesan la cornisa de humo que cubre el gran salón. Allí, donde la fogosidad llegó exhausta a puerto, y se derramó la tristeza sobre el agua muerta, dibujando un charco de sangre sobre fondos grises. Tríptico de una estocada salvaje. De un cuerpo mundano lejos de la solemnidad. En esta herida, la psicología es un cajón relleno de latas vacías. Estanco de un milagro, en el que ya no cree ninguno de los dos. Marcar ese número de teléfono es destruir una vida. La otra yace muerta en las orillas del Támesis. El mejor amor era imposible. La abstracción asesinó al realismo y el arte quedó encerrado en un orfanato, donde cada trazo nos recordaba al sueño muerto de la infancia. Los hombres azules se enfilan en la barra del bar con una actitud desafiante…y tú no sabes coger tu sombrero y salir por la puerta. El sufrimiento no ha dejado rastro de ti. ¿Recuerdas cuando nos conocimos en South Kensington? Aún eras una persona.



The Hollies - He Ain't Heavy, He's My Brother
Watch in higher quality: http://www.youtube.com/watch?v=C1KtScrqtbc&fmt=18

A Silvi
Hacia ti
No hay sequía,
Que yo no pueda combatir con mi sed
Ni corazón desterrado
Al que no pueda hacer regresar del exilio con mi fe
No hay alegría que dure mil años,
Ni tristeza que no pueda vencer
No hay derrota en la calma
Ni movimiento que se pueda detener
No hay desilusión compartida,
Que arrase mi esperando nacer,
Contigo,
Mi amor
No hay día,
En que mi amor por ti no regrese
No hay día,
En el que un segundo deje,
De creer en ti
Y le susurre a la distancia…
Ni el olvido, ni el dolor
Ni la muerte
Podrán con el nosotros
Porque no nos pertenece
Y es más fuerte,
Que toda la voluntad y la indolencia juntas
Porque tan solo es el reflejo, de algo inmensamente mayor
Para lo que hemos sido escogidos

Para que otros crean…Que sí existe el amor…










Filosofía
“La verdad no tiene dueño, está en los actos”


Las tremendas consecuencias de la obligación al trabajo no se hacen visibles instantáneamente, se traslucen en la prolongación de las mismas, en una ruptura transversal del tiempo en revisión. La energía creativa se acumula en una coordenada definida por la necesidad. Si alejamos nuestra atención a esferas secundarias, en tamaño e importancia, una vez frustrada, la tracción se redirige con mayor fuerza en otra dirección, haciendo así imposible el aprovechamiento y generando una sensación de búsqueda insatisfecha. La opresión de la misma, por factores sociales ajenos al espíritu, provoca un choque diametralmente opuesto entre necesidades creadas e increadas. La mente se fortalece en el espíritu, cuando ambos asisten a la búsqueda de caminos por explorar, in-extinguidos. Pero la no satisfacción de los mismos, genera un desafío interior y un grado de exclamación donde las latitudes del hombre se alejan hasta los puntos accidentales más abrasivos. Cercanos a la locura, el frío o el hambre. En ese punto de no retorno, se pierde algo cardinal, y las tormentas interiores apuestan por la violencia emocional. El hombre pierde su objeto de referencia y salta de un vacío a otro, encadenando soledades estériles. La incomprensión girada hacia sí mismo, contrasta con la languidez elástica del mundo, aprovisionándose en la abundancia como medio más seguro. Seguro pero frágil e ineficaz. En esa construcción material, la nada se convierte en el epicentro de las atracciones más dañinas. Las fuerzas se intentan regenerar desde la inanición, pero el acto contingente quiebra la balanza. Quedan los fármacos y las 10 horas ininterrumpidas de luz eléctrica en la fábrica del arrepentimiento. La sequía de impulsos. No hay perdón para el hombre inconformista. Ahí se arrebata el filósofo y rompe el orden, para desde el caos impedir el derrumbe de la ontología. Lo que un día dejamos de hacer, congela el acto en el tiempo, amontonando momentos no escogidos, diluyendo la creatividad. El por qué del opio y los triángulos estratégicos es claro, desde una perspectiva que concatena la seguridad, el miedo, la olla de presión y las fuerzas de la in-contención. El último atardecer será para el no-hombre. La química bio-molecular y el zulo de la post-modernidad como legado. La comunicación centrifuga, la energía renovable hacia la máquina, y los fines estratégicos antagónicos a la anatomía del ser, levantan la sospecha de la metafísica. Confinada en un espacio imaginario, donde el tiempo queda vencido en largos adioses desmembrados. ¿Quién puede comunicar la voluntad con el deseo, en armonía con las estructuras interiores? Anteriores. En el proceso de localización interior, la mente desorganiza las entidades físicas que le rodean, para encontrar el margen de maniobra necesario y reconstruye los múltiples planos que configuran un espacio de posibilidad. Descodifica, el embalaje que nos configura como seres limitados, y desde el límite conocido redistribuye las partes en el umbral de certeza, respetando los lugares de abstracción. Infinitos posibles, desde lo posible conocido. Como vértice en el que lo desconocido se reafirma en los orígenes, dando pie al arraigo en uno mismo. Si capturamos la creación, el ser se disuelve en los sentidos pre-fabricados. En la carencia del mundo de la sospecha. Inmóvil, decrece…su expansión pasa a manos el azar y la voluntad como fenómeno intrínseco se ensombrece por la previsibilidad como agente externo e irreal. La vida, al igual que el hombre necesita del movimiento para confrontar la quietud. La imposición es la ruptura en el mismo centro del desarrollo. Sin interior, no hay referencia sobre la que transitar. Lo múltiple necesita del uno, de los centros de vibración. No podemos desvanecernos. Lo increado es el signo pre-simbólico en el que nos identificamos, y no se puede sacrificar por un “bien “sin pregunta.




A Juan Eduardo Cirlot


¿Quién rasgo las vetas de la alegría? Iluminadas las avenidas de tu cuello, por la oración de los sin techo. Me preguntas que dónde acaba el mundo…en el ¡Pum! Del portazo de salida. Prendo el incienso e inicio el ritual el equilibrio. Tus pasos quedaron marcados en el camino a la panadería, al café de la amistad, a lo aposentos de la salud donde el tiempo es la ilusión vencida por el dromedario. A paso lento, pisando tus huellas, lucho con los niños terribles de Cocteau, para no salirme del centímetro recorrido. Cada marca un laberinto de lluvia y lava. La hormiga un trapecista en mis zapatos. Las ideas, la desembocadura de un concepto infinito al que yo llamo por tu nombre: Amor. Donde tú me piensas compartiendo vida, y te espero para compartir espacio. La caja está vacía. ¿Tienes luces? No, tengo llaves. La farola e alcohol tiembla con cada uno de tus latidos. Abandoné las horas muertas del pasado, recobrando el segundero de la locura. Te dije, “no me vuelvas a llamar”; hecha la paz, hecha la guerra. En las horas donde el opio descansa, sales del armario desnuda y te tumbas en mi lecho de muerte. Ten la dignidad de llamar antes de entrar. No ves que vivo el sueño eterno…que no me quedan razones para amarte y te quiero destruir…No te bastó una vida ni un suspiro. Animal de colmillos afilados y lengua de sultán. La chimenea prende al fuego de la ira palabras extranjeras…como nuestro amor caduco, imposible de enterrar. Perdí el último tren por esperarte. En la cantimplora han crecido un par de limoneros y tú te descuelgas por sus ramas, entre el rocío, para darme de beber el amargo olvido, la no justicia de tus actos. Mi conciencia enfermó, por ser más fuerte mi pasión hacia ti, que el viaje que debía comenzar. Imaginé que nunca habías existido. Recé por encontrar la soledad del rompeolas. Por pintar en los túneles de tu corazón un retrato del dolor, para que no olvides qué es la enfermedad. Traspasando las barreras enemigas, a las puertas de Paris, una nación sucumbe en la sequía. Ni un abrazo, ni un consuelo…un te quiero hecho pedazos…en la pira de los cuervos. Oh Lilith…suelta mi cuello negro. Aprende a naufragar en las esquinas de los azulejos del mar. Suelta mi tabla jeroglífica. Sé sumergirme en el universo de la creación sin respirar…pero tú, la más bella, codicias todos los rojos de mi arte. Quieres destruirme con la mente y encerrarme en tu cajita de sorpresas. Hacer de mi libertad tu tesoro. Oh Lilith, ¿tienes luces? No, tengo llaves. Pues tíralas lejos, donde nadie las pueda encontrar. Glup…glup…glup…













Un viandante en el aire


En mis sobras reflejadas en el asfalto,
No quedan trazos de mi rostro
Tan solo una pregunta quieta
Entre el movimiento y la silueta de un naranjo
Bajo el sol ardiente de verano
Que envuelve mi aura violácea
¿Quién porta ese reloj de bolsillo y este sombrero de ala corta?
Líneas de purpurina, brillantes
Temblando el tapete de azules
En ondas expansivas bajo un cielo despejado
Se asienta el sol en la calma del detalle
Te observo, mar de cielos y aguas
Donde trazas diagonales con los limos reposados
Surcos de espuma con los ojos y la lengua
Horizonte, afluente de eternidad
Allí se mezclan las pastas del óleo blanco y el añil de las alturas
Las playas son cañones sedientos de vida
Y a lo lejos, entre turquesas,
Sobresale el fondo rojo de un aullido
La humanidad y el silencio al otro lado
Desde aquí arriba te siento lejano
Pero te abarco y te contengo
Fuera de ti, todo me pertenece
Por eso lo hago tuyo
Mírame a los ojos con toda la profundidad, y dime
¿Ves algo?
La melancolía
Quise pensar que tu verdad era la mía
Quise querer, que tu mentira fuese verdad.
Que dos mentiras juntas, al menos, despertasen una verdad.
Ser valientes y alejarse
Para que en las solitarias tardes de invierno,
En este remoto puerto, con la bruma apagando el mar
Pudieses llegar a ser, el faro de mis versos
Prometo pensar solamente en ti
Levantar el vaso de whiskey en la taberna vacía
Y recordar, lo hermoso que era mentirse
Aún siendo todo tan de verdad
Brindo por tu ausencia
Sin ti, aún puedo llorar
Y levantar el día con paseos contemplativos
Perderme en ensoñaciones cerca de mí
En los alrededores de tus miradas,
Ya cubiertas por el polvo
Abandoné el sentido de tenerte, y quedé quieto
Tan quieto en la penumbra,
Que el miedo tuvo que desaparecer
Aún te recuerdo, asesinándome con tus ojos
Recaudando toda la tristeza del mundo,
Para jugar a las historias imposibles
Que será de ti,
Que me amabas y odiabas al mismo tiempo
Ya sin tu antídoto, lloraste con la verdadera tristeza en tu isla
Y yo me muero de pena cada día, pensando
En que pudimos ser felices
Pero a ti nunca te gustaron esos finales
Por amor a ti, suicidé tu amor
Ya sólo queda arena y un candelabro a punto de extinguir el tiempo
El sueño fue el equivocado
Amábamos la melancolía…
Y esta,
No comparte amantes.

8 abr. 2009

LA CIUDAD DE PLOMO Y LAS LUCES DEL VIENTO


http://www.youtube.com/watch?v=lOgQyIMX_XU Brian Eno "An ending(ascent)"
A Pablo Díez, un maestro. (El gran alquimista de la sonrisa)
A Teo, the greek, el hombre del brillo en los ojos

Hoy comienza un nuevo idilio. Voy a abandonar la manada de bisontes recorriendo la noche en polvareda. Ciudad de plomo, áncora en las grutas verticales, por donde acelera el gemido y se destruyen las conexiones cerebrales. Donde uno olvida quién es y cual es su lugar en el mundo. Si olvido la alegría con que el cuerpo se despierta cada mañana, olvido mi naturaleza. Imposible escapar al cuerpo, arañar el mito sin hacerse daño, arder en el rock and roll sin destruir las ficciones del espíritu. En el equinoccio de mi ser se encuentra la arquitectura eterna. Observa como el aire agita la planta al mediodía y ella no opone ninguna resistencia, acorde a su dimensión interna y a su cadencia aérea. Firme en su balcón, ve pasar los días en la fortaleza. Los agentes no alteran su sentido de la existencia. Viaja sin documentación en el hilo de la vida. Sabias reflexiones provoca en los otros, en los tubos de escape de la inconsistencia. Cada flor abre un viaje, un estímulo, una apertura. Esta última oportunidad constelada me permite nacer. Recuperar el camino de la inmortalidad en el agua clara. Sentir el intangible golpeo de las fuerzas en el arrecife. Soy la brisa que deja el pájaro, sin dueño ni normas. Un despertar radiante en la marea más desconocida. En cada acto florece un universo mayor. He de cuidar cada mirada como si fuese el último trago bendecido por el beduino. Si no sabes cuidar de ti mismo, no estás a la altura del paisaje revolucionario. La luna ilumina las avenidas desiertas y tú debes transitar la eternidad en la oquedad del esfuerzo. En la inconfesable soledad del samurai. Enaltece tu cuerpo con aceites silvestres y aromas sagrados. Aprende a jugar contigo, conócete y acepta lo que eres. Envuelve el crepúsculo con tus dedos, cierra un ojo y juega con los límites de la visión. Tu certeza es peregrinar. Al sueño no se accede a través del pensamiento. Un hombre que ama la vida no puede renunciar a la libertad. Aunque su naturaleza se encuentre sofocada, es esencialmente libre. Y de la furia, a veces, también surgen los sentimientos más bellos y auténticos. No renuncies a la pregunta, no te acomodes en la conformidad. Con la mirada perdida avanzo, sin nada que decir. Busco encontrarme en el confín de tus sentimientos, después de la crecida, en la indescifrable brújula de tu corazón a la deriva. Ser la montaña de la transparencia y los canales de aguas cálidas, desembocando más allá de tu imaginación. En aquél exacto lugar que aún no conoces y al que te diriges. Porque tu elección puede ser tu final y yo la sombra de tu destino. El perfil de la silueta sobre la que te deslizas con armonía, sin poder llegarla a pisar. Desengancharme entre las grietas del pensamiento, ser el vacío de la experiencia por explorar. La vela que prende en el desván del conocimiento. Recorrer mundo en pantalones bombachos, con barbas salinas y largos cabellos rizados, dorando la travesía. Construir con mis manos la cuna del hijo al que has de dar vida. El paraíso creado en mis ojos, son tus alas batiendo el pleamar de la alegría. Soy la tempestad a la que precede la calma, y tú la única embarcación que supo hacer de las luces del viento, un instrumento de doce cuerdas afinando el alma. No te das cuenta de que mi solo cuerpo recorre tu infinitud en la distancia. Que mi solo cuerpo contiene todos los maravillosos mundos que tú quisiste conocer. Yo soy tú. Al otro lado de la vida no hay palabras. Quien llega, permanece…