3 may. 2013

Un poema de Mark Strand



Hicimos aquello que deseamos.

Hemos descartado sueños, prefiriendo la dura tarea

de apoyarnos uno al otro, y hemos acogido al dolor

y llamado ruina al hábito imposible de romper.

 
Y ahora estamos aquí.

La comida está lista y no podemos comer.

La carne descansa en la blanca laguna de su plato.

El vino espera.

 
Llegar a esto

tiene sus compensaciones: nada es prometido, nada

nos es arrebatado. No tenemos corazón ni gracia salvadora.

No hay lugar adonde ir, no hay razón para quedarnos.

 

(Traducción de Eduardo Chirinos)